domingo, 11 de enero de 2009

Iñaki Fresán

El barítono. Pensarán que tener en la escalera un barítono que ensaya 5 horas diarias tiene que ser como para cortarse las venas cada mañana con la cuchilla de afeitar, mientras intentas ahogarte con el zumo de naranja, por si falla lo de la navaja. Pues no. Tiene a sus vecinos de Madrid encantados. Los niños se duermen, las abuelas le aplauden por la escalera cuando les regala con música de zarzuela, incluso algunos le hacen segundas voces mientras tienden la colada. Este es Fresán, pamplonés de Beire de 52 años, la alegría en forma de voz cálida, acogedora y envolvente. Un músico de instrumento natural que se ha forjado a sí mismo, y que sin las influencias de los medios, aunque estudió periodismo, ni los divismos del ramo, es reconocido internacionalmente si bien todavía, no sea profeta en su tierra, en su Navarra. Así suele pasar, y con razón dice que ser músico en España, es como ser torero en Finlandia. Su madre le cantaba antes de nacer, y todavía a gatas, su familia dice que ya entonaba. Estudió música en el conservatorio y la soprano Victoria de los Ángeles fue su Yoda en lo del bel canto, y así en 1975 comenzaron los conciertos, los viajes, los premios, el aprender alemán, italiano, francés y hasta ruso. Aunque hace 3 óperas al año, se encuentra más libre y cómodo con los 30 recitales u oratorios que hace por temporada. Nuestro cantante, además de alegre y vital, es un tipo elegante. Es tan refinado que incluso en alguna cena tras el concierto, en compañía de reyes, presidentes o aristócratas adinerados de sangre roja, le han pedido copas confundiéndole con el camarero. Ya saben, si le ven de pingüino, como en la foto, por favor, no le pregunten donde está el baño, pídanle que les regale un trocito de su voz.
Publicado en Diario de Navarra el 11 de enero de 2009.
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domingo, 28 de diciembre de 2008

Javier Armentia

El Astrofísico. Hace sólo 15.000 millones de años, en una infinitésima parte de un segundo; del primer segundo, se formó un plasma de quarks-gluones en frenética danza relativista. De aquel delirante baile, la pareja del espacio y el tiempo, cogidos de la mano iniciaron una carrera de expansión que todavía no ha concluido. Era el BIG BANG, el inicio de algo que nunca antes había existido, de nuestro comienzo. De aquel momento que sólo era potencialidad surgió un ser humano en Vitoria, en el año cristiano de 1962. Era Javier Armentia, astrofísico de profesión y director del planetario de Pamplona desde 1990. Se podría pensar que su vida gira sólo en torno a supernovas, estrellas enanas, agujeros negros y materia oscura, pero Javier no es el profesor chiflado, ni está en la Luna, tiene los pies en el Planeta Azul y ha logrado hacer del planetario un centro multicultural rico en exposiciones y visitas, 3 millones en 15 años. Armentia ha heredado una personalidad electromagnética de aquel frenético big bang. Expande su tiempo por todo. Es columnista de prensa, colaborador en medios audiovisuales, tertuliano y paladín de la ciencia a través de su revista El Escéptico. Quizás por brillar de esta manera, como una estrella, ha generado admiradores, pero también detractores que le acusan de casi todo, incluso de intoxicador. A él le da igual, es así, y así es feliz. Ahora, en vísperas del año internacional de la astronomía, prepara su obra estrella: Evolución, una película digital realizada en el planetario, que explicará la evolución del cielo y se estrenará en abril en 10 planetarios. El admirador de Einstein, que se sigue sorprendiendo cuando pasea por la Vía Láctea, se siente cómodo como ateo, y piensa que toda esa maravilla es fruto de las cuatro grandes fuerzas que mantienen el universo. Que las estrellas les traigan buen año.
Publicado en Diario de Navarra el 28 de diciembre de 2008.
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domingo, 21 de diciembre de 2008

Joseba Etxarri

El cuento del castañero. Les voy a contar una historia sorprendente, algo que me dejó helado, pero a la vez lleno de calor. El lunes pasado, con una rasca de 0 grados y lluvia blanca que hacía cosquillas, me acerqué a comprar castañas a la caseta de Joseba, el pamplonés de 45 otoños que las vende en San Ignacio, sí, el que dicen que es un cuentista. Me largó una sonrisa y un cucurucho caliente que metí en el bolsillo y, mientras me alejaba, noté que algo se movía entre las castañas.¡¡¡Dios Santo, era un enano diminuto!!!. En cuatro saltos se montó en mi hombro, y con sigilo me dijo: “No te asustes, soy Fermín, el enanito del bosque de Baztán-Erreka, y te voy a contar un cuento de los de verdad”. Miré a mi alrededor, metí al enano en el bolsillo y, corriendo como alma que lleva el diablo, me senté en un banco de la Media Luna, a la paz de los copos. “Mira -me decía-, estaba yo en el bosque en 1991 cuando vi a un hombre grande y triste que paseaba entre los castaños. No tenía trabajo, pues ya no podía vivir de tocar la batería. Yo sabía que le gustaba la naturaleza, así que le dije que podía vender castañas. Le gustó la idea, montó su casita de castañas y, cuando venían los niños, les contaba el cuento del enanito Fermín que vivía en su castañera. Los niños miraban con ojos de búho y se reían, así que comenzó a contar ése y otros cuentos más por cientos de colegios y a miles de niños. Escribió 5 cuentos educativos, y también empezó a arreglar jardines, y a repartir castañas en el Olentzero. Ahora, le veo feliz, con Bartolo, su paraguas volador, sus niños, su naturaleza y animando a los padres a contar cuentos a sus hijos. Y colorín colorado…”. Todavía atónito, volví a dejar con disimulo al enanito en su castañera, seguía nevando, pero ya no tenía frío. El enanito Fermín, Joseba y yo, les deseamos Feliz Navidad.
Publicado en Diario de Navarra el 21 de diciembre de 2008.
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domingo, 14 de diciembre de 2008

Pablo Antoñana

El escritor de la boina. Algunos de sus amigos, a sus espaldas, con risas y cariño, dicen que Antoñana nació con la boina puesta. No lo sé, puede que sí. Lo que sí es cierto es que sigue durmiendo en la misma cama en la que nació hace 81 años en Viana, manda narices, buen lecho tiene que ser, porque, además, en ese mismo longevo catre recibió la extremaunción el escritor Francisco Navarro Villoslada. Sus padres y abuelos habían vivido en aquella casa, y la atmósfera de libros, fotos e historia de la mansión caló en Pablo como niebla que se mete hasta los huesos. El sacrificio y obsesión de su padre por salir de la incultura y la miseria le obligó a estudiar para maestro y letrado, ejerciendo 35 años como secretario. Siempre ha dicho que el escritor es antes lector, y desde niño invertía la paga en libros y, a la luz de la vela, leía los malos, los prohibidos. Aunque las miserias e injusticias de su entorno y la ortodoxia de la iglesia le fueron moldeando en la angustia y la amargura, convirtiéndole en agnóstico y heterodoxo, hoy en día reconoce que sigue enamorado de los principios fundamentales del evangelio, luchando siempre por los más débiles. Si nos acercamos sin clichés ni prejuicios a la obra de este premio Príncipe de Viana, 20 libros y más de 2.000 artículos, descubriremos además de valores etnográficos, históricos y costumbristas, una profunda sensibilidad por el ser humano, algo que, posiblemente, ni siquiera él haya descubierto todavía. Ahora, como él dice, “con un pie en el otro barrio”, le falta tiempo para seguir escribiendo y leyendo parte de los 8.000 libros que guarda en su casa de Pamplona, sólo confía en que San Pedro le permita pasar unos cuantos a ese otro barrio.
Publicado en Diario de Navarra el 14 diciembre de 2008.
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domingo, 7 de diciembre de 2008

Pablo Hermoso de Mendoza

Un Hombre llamado Caballo. Hace falta tener personalidad, sensibilidad y cariño, o simplemente ser de otra pasta, para no vender un caballo que costó 300.000 pesetas, por 100 millones que le ofrecieron. El caballo se llamaba Cagancho, y Pablo estaba tan unido a él, que ambos se fundieron en un centauro. La fotografía final de esa unión se dio un 6 de julio cuando ese gran hombre, y aquel gran equino se dieron un beso en mitad del ruedo pamplonés ante la emoción y el regocijo de 20.000 personas, que desgastaron sus manos en aplausos. Al estellés le vino lo de los caballos de padre, y lo de los toros, de recortes y encierros. Estos tres seres, orquestados por el humano, conjugan la danza y otras artes con la estética, el dramatismo y la peligrosidad, transformando todo ello en un baile bello, armónico y emocionante. Con 42 años, al mejor rejoneador de la historia se le podían haber subido las orejas y los rabos a la cabeza, pero él sabe que al bajar del caballo, hay que tener los pies en el suelo, y la convivencia con los de aquí, con los de siempre, le ayuda a volver a la realidad. A pesar de su valor reconoce que a veces duda en la inseguridad, pero como todos los grandes, ha desarrollado la virtud de transformar la debilidad en fortaleza “cuanto más arriesgas, más miedo tienes, pero aprendes a convivir con el peligro, cuidando de que ese pasito mal dado, no te cambie la vida”. Con 6 patas, dice, me encuentro más conmigo mismo, y se medita mejor. Quizá por esto mismo, además de ser aficionado a la pelota y a la caza sin escopeta, su enfermedad sigue siendo el caballo; ni más ni menos, 290 equinos trotan por su finca.
Publicado en Diario de Navarra el 7 de diciembre de 2008.
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domingo, 30 de noviembre de 2008

Jesús Riaño

Periodista de raza. A sus 65 años, este cronista deportivo, como dicen ahora los chavales, sigue siendo un crack. Es de esos personajes con los que te meterías en un episodio de La Guerra de las Galaxias, a sabiendas de que ibas a hacer unas risas y que la aventura tendría un final feliz. Además, si le observan, me reconocerán que tiene un cierto careto cinematográfico y da bien en pantalla. Reconozco, y él también, que lo suyo es enfermedad. Con 14 años ya compraba periódicos y escribía las crónicas de los partidos de su colegio, los maristas y, como se ve, todo le conducía a la Facultad de Periodismo. Al acabar, comenzó un largo partido profesional con el equipo de Diario de Navarra y, aunque fichó también por Marca, Norte Deportivo y otros medios sudamericanos como corresponsal, es en el equipo de Cordovilla donde sudó la camiseta y disfrutó metiendo goles informativos a la competencia, a veces con un alto coste de vida privada y familiar. El muy pícaro, al principio, era de la Real, porque nació en Pasajes, pero un amor en evolución le pintó poco a poco el corazón de Rojo Osasuna. Es un forofo incombustible, pero reconoce que, como profesional, “no puedes escribir con la camiseta puesta”. Recuerda con cariño aquel Stuttgart-Osasuna, así como a Urban, Ezcurra o Zabalza como lo mejor de los rojillos. Ahora, a los 65 años, ha tenido que abandonar el equipo de Cordovilla, pero no se queda en el banquillo, ni tampoco viendo obras, como los de su quinta. Se ha montado su propia huerta informática, navarrasport, donde en vez de lechugas o tomates, sigue cultivando noticias deportivas.


Publicado en Diario de Navarra el 30 de noviembre de 2008.
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domingo, 23 de noviembre de 2008

Moisés Pérez de Albéniz

El cazatalentos. La historia nos ha regalado algunas personas, no muchas, como Cayo Cilnio Mecenas, o los Medici, que, sin obviar la perspectiva del pasado, apostaron por apoyar el arte emergente, buscando la potencialidad de los jóvenes artistas que querían esculpir el futuro. Quizás Moisés, sin el poder ni la pompa de aquéllos y, por supuesto, sin su fortuna, comparta ese mismo espíritu. El decorador pamplonés, de 55 años, respiró de su padre la fascinación por el arte contemporáneo y, tras realizar algunas películas para televisión, montó en la vetusta Iruña, hace ahora 12 años, la primera galería de arte contemporáneo. No entraban demasiados y, sin despeinarse, nuestro aventurero del arte tuvo que buscarse la vida fuera de su pueblo. Y fue a Arco, sí, -donde Pascal compró el cactus-, y a otras ferias y estudios internacionales, buscando e investigando nuevos autores para luego promocionarlos. Hoy en día, con un reconocido prestigio internacional, lo mismo cena con Arnold Schwarzenegger que con Botín, mueve a sus 14 hijos del arte, unos consagrados y otros por consagrarse, por ferias y exposiciones de todo el planeta. Aunque piensa que Velázquez sigue siendo The best, Moisés entiende el arte contemporáneo como un esfuerzo de generosidad y respeto de unos artistas que, mediante un lenguaje diferente, nos llevan a reflexionar sobre la problemática social del momento. Si quieren ganar dinero rápido, compren un Warhol, pero si buscan disfrutar, consigan algo que les guste, y con el tiempo... quién sabe.


Publicado en Diario de Navarra el 23 de noviembre de 2008
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domingo, 16 de noviembre de 2008

Carlos Eugui

El aviador. Si nuestro Carlos hubiera vivido en la Inglaterra de la Primera Gran Guerra, estoy convencido, dadas sus cualidades, de que se habría convertido en un as legendario de aquellos biplanos de guerra. Incluso, posiblemente, se hubiese tenido que batir con Von Richtofen, el Barón Rojo. No sé quién habría ganado aquel cara a cara, pero yo apostaría por el navarro. Para su suerte, el destino le hizo nacer en la Chantrea, 29 años después de 1918, fecha en la que el Barón Rojo fue abatido y tuvo que entregar el carné de piloto a San Pedro. El carné, el de Carlos, claro, lo sacó casi por casualidad en 1974, y al poco, con tan sólo la ayuda de una brújula en su avioneta, se embarcó en un largo vuelo deportivo que le ha dado 30 campeonatos de España y un subcampeonato del mundo. Con 23.000 horas de pájaro, también es comandante de Air Nostrum. Claro, ustedes no han volado con él, y a mí me resulta difícil transmitirles esa doble sensación de vértigo y seguridad de los picados, piruetas y vuelos a ras de suelo que se pueden experimentar con Carlos. Vamos, para que me entiendan, que Eugui es al avión, lo que Indurain a la bici. El aviador, dice, es más libre que el piloto, y allí arriba, comenta, el tiempo se espesa y se hace más lento, el espacio no se mueve y en la soledad del silencio del motor se ve todo distinto. Es como ser un pájaro inteligente admirando un entorno que sólo es así desde allí.

Publicado en Diario de Navarra el 16 noviembre de 2008.
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domingo, 9 de noviembre de 2008

Patxi Mangado

El arquitecto del adoquín. Todos me decían: a Patxi le sacarás con el adoquín de Baluarte, ¿no? Pues no. Mírenlo en su esencia, en su sencillez. Es como un niño ilusionado con su arquitectura de colores, intentando redescubrir nuevas formas que sirvan para vivir mejor, que unan más a las personas con su entorno, con su pasado y su futuro, para poder vivir armónicamente el ahora, el presente. Ahí donde lo ven, este niño estellés, que ya ha celebrado 51 cumpleaños, tiene estudios de arquitectura en Madrid, Barcelona, Mallorca y Pamplona; construye la torre más alta de Sudamérica, tiene obra por todo el planeta, ostenta una cátedra en Yale, da clases en nuestra admirada escuela de arquitectura y es el promotor de la reciente Fundación Arquitectura y Sociedad. Además lleva una vida familiar normal y lee dos horas al día. Estos hiperactivos controlados ¨dan asco¨. Algunos piensan que el arquitecto es ese señor que acaba arruinando tus ahorros y transformando tus sueños en pesadillas para construir al final la estética de su propia gloria. Pero Francisco afirma que no dibuja con esos lápices. Dice que construiría la torre de Babel con inteligencia y comprensión, ya que la imaginación en arquitectura es muy peligrosa. Sólo desde la intuición ilustrada, con inteligencia y sensibilidad, se deben construir las soluciones a los problemas, diseñándolas siempre con perspectiva de servicio a la sociedad, y adelantándose incluso a lo que ésta demanda. Quizás por esto, además de hacer sus rayas, desde su nueva fundación pretende edificar un espacio de encuentro donde la sociedad pueda educarse y acercarse más a la arquitectura.

Publicado en Diario de Navarra el 9 de noviembre de 2009.
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domingo, 2 de noviembre de 2008

Luis Fernández Olaverri

El tendero de vinos. Dicen que la frase más triste del evangelio es aquella en que la madre, con sensibilidad de mujer, le dice al hijo: “ Jesús, no tienen vino”. El hijo, como buen hijo, remoloneó al principio, pero la Señora, como buena madre, ya sabemos qué cansas son a veces las madres, acabó saliéndose con la suya, y aquella simple agua quedó transformada en el mejor gran reserva que se haya podido catar. Luis Fernández, pamplonés de la Navarrería, con 12 lustros de añada, brinda por la genialidad del Nazareno, y piensa que, si no lo hubiese hecho, habría sido un `aguafiestas`, porque no puede haber boda sin vino. Nuestro tendero, que así le gusta definirse, bebió de joven la ilusión por el mundo del vino en el autoservicio de sus padres, y en el 79 creó la primera vinoteca de Navarra. Concibió la boutique no sólo como un lugar de venta, sino como un punto de encuentro en el que dar sabor y aroma a la cultura del vino. Con vitalidad desbordante crea el club de cata, la cofradía del vino, organiza cursos y viajes, y trae expertos. La botella más cara de su tienda es un Petrus 97 de 781€, pero él mismo piensa que el vino de 10 no existe, y el de 9,9 de nota, nunca debiera valer más de 60€. En el mundillo nacional del vino es conocido, además de por su profesionalidad, por la habilidad para crear versos, ripios y poemas sobre los caldos. Él dice que no es arte lo que escribe, pero que el vino sí es arte en sí mismo. El único arte que se puede beber.

Publicado en Diario de Navarra el 2 de noviembre de 2008.
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